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jueves, septiembre 23, 2021
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Jungle Cruise: una aventura que nació en Disneylandia y ahora llega a la pantalla

Todo está nuevo, reluciente y listo. El sol del sur de California no decepciona y tampoco las aguas verdes, los animales salvajes y las caídas de agua. Pero lo que más asombra a los pasajeros y lo que será recordado más de sesenta años después es que el primer capitán de Jungle Cruise, una de las joyas del mundo creado por Walt Disney en 1955, fue el propio Disney, orgulloso de realizar el viaje inaugural del paseo por las junglas del mundo que sigue en pie en estos días. Ese que puede verse desde este jueves en las salas y a partir de mañana por Disney+(con un costo adicional a la suscripción).

Jungle Cruise, la película que protagonizan Dwayne The Rock Johnson y Emily Blunt toma elementos claves de una de las atracciones más populares y clásicas de los parques de Disney, para contar una historia llena de aventuras, fantasía y algo de romance. Con la evidente meta de convertirse en la nueva Piratas del Caribe, el film dirigido por el catalán Jaume Collet-Serra, apela a la misma sensibilidad nostálgica y algo kitsch de la saga protagonizada por Johnny Depp, la más exitosa transposición de un paseo del parque de atracciones al cine.

No fue la única, claro. Aunque muchos ya no lo recuerden el mismo año del estreno de Piratas del caribe: la maldición del Perla Negra, 2003, Disney también lanzó La mansión embrujada, una película protagonizada por Eddie Murphy que estaba inspirada en Phantom Manor, la versión moderna del tren fantasma que se había construido en Disneylandia París. Un fracaso de público y crítica que quedó en el olvido cuando los piratas se transformaron en un fenómeno de taquilla inesperado. Aunque el estudio no se rinde: hoy anunció que hará una nueva versión de La mansión embrujada, esta vez protagonizada por Tiffany Hadish y Lakeith Stanfield.

En 2015 con Tomorrowland, los estudios volvieron a tratar de capturar la magia de los parques en la pantalla. Esta vez con un elenco encabezado por George Clooney, la dirección del premiado y talentoso Brad Byrd (Ratatuille) y el guion del reconocido Damon Lindelof (Watchmen, Lost). Sin embargo, el intento de realizar una ficción alrededor del sueño de Walt Disney de crear una suerte de campus de científicos dedicado a la tecnología y abierto al público, no captó la atención de la audiencia. Tal vez porque, a diferencia de Piratas, le faltaba el elemento de nostalgia, de aventura inocente y sencilla que conectara a la película con los parques de atracciones.

“El juego sigue siendo popular a más 66 años de su inauguración en Disneylandia y creo que la razón de su éxito es que mientras que el resto de los parques fueron cambiando con las nuevas tecnologías, este paseo permaneció igual, con el mismo encanto de los comienzos. Tuvimos la suerte de que nos permitieran hacer una película de este juego icónico”, dice Johnson a LA NACION vía zoom sentado junto a Blunt en un set que evoca a la escenografía del film.

La química entre ellos es evidente y se traslada a la pantalla dónde interpretan al capitán del destartalado La Quilla, Frank Wolff, y la doctora en botánica Lily Houghton que en 1916 viaja a Porto Velho para recorrer el río Amazonas en busca de un árbol cuya flor, según cuenta la leyenda, tendría el poder de sanar todas las enfermedades.

“Es divertida, grande y carece de cinismo”, dice Blunt sobre la película pero bien podría estar hablando de Johnson que se puso al frente del proyecto que llevaba más de una década en carpeta. Y tanto lo entusiasmó la perspectiva que hasta produjo una serie documental, Detrás de las atracciones (ya disponible en Disney+), cuyo primer episodio está dedicado a la historia del juego que cuenta que, lejos de ser una estrategia novedosa, la idea de conectar la producción cinematográfica con los parques de Disney siempre estuvo ahí. Y la tradición continúa. Así, a través de imágenes de archivo y los testimonios de los creadores de los juegos actuales (conocidos en el mundo Disney como Imageeners, algo así como ingenieros de la imaginación), el documental cuenta cómo Jungle Cruise fue el primero de los paseos de Disneylandia en construirse en las áridas tierras de Anaheim, al sur de California. Y cómo lograron convertir un terreno seco dedicado a la plantación de naranjas en zona selvática dónde los constructores, bajo la estricta supervisión de Disney, utilizaron las herramientas y conocimientos que se habían aplicado a la producción de películas. Más específicamente en 20.000 leguas de viaje submarino, el film del estudio basado en la novela de Julio Verne que protagonizaron James Mason y Kirk Douglas. Gracias a la película estrenada en 1954 a la hora de crear el recorrido selvático por las junglas de África, el Pacífico Sur y el Amazonas, los ingenieros contaban con la tecnología que precisaban para crear los animales hidráulicos y para trazar la navegación del barco.

Además del film de aventuras para toda la familia, la creación del juego se inspiró en La reina africana, el film dirigido por John Huston que transcurre en 1916 sobre un barco que recorre el río Ulana tripulado por el cínico capitán Charlie, interpretado por Humphrey Bogart que acepta trasladar a la animada misionera Rose Sayer (Katherine Hepburn) en busca de vengarse de las tropas alemanas que asesinaron a su hermano.

La admiración de Walt Disney por aquel film realizado en África llegó hasta la película que se estrena mañana que no solo está ambientada en la misma época sino que hace referencia a ella en el vestuario de los protagonistas, en uno de sus villanos y, sobre todo, en el diálogo sarcástico que sostienen Frank y Lily desde que se conocen. Un divertido ida y vuelta que los actores repiten en la charla con LA NACION.

“Yo te enseñé a ser educada, a tener clase. Te enseñé a leer..”, decía Johnson cuando se les preguntaba qué aprendieron uno del otro durante el rodaje de la película que se llevó a cabo hace casi dos años y medio en Hawaii. “Yo te enseñé a ducharte. ¿Podés creer que él nunca había escuchado hablar de los desodorantes?”, le contestaba Blunt entre risas mientras él balbuceaba algo sobre haber tenido que explicarle cómo se usa un bidet. “La encontré bebiendo de uno”, deslizaba con aire conspirativo mientras a su lado la actriz británica no podía dejar de reírse de las ocurrencias de su compañero que, explicó, hicieron de la filmación una de las más divertidas en las que haya participado. Una diversión que se refleja en pantalla y resulta el punto más fuerte de la película cuyo secreto reside, razona su protagonista, en su encanto y su sencillez: “Más allá de que a veces no lo veamos por la presencia de tecnologías que nos abruman, lo cierto es que las experiencias más directas, más táctiles, son las que solemos recordar y buscar. Al menos en el caso de mis hijas –que comparte con su marido el actor y director John Krasinski–, el momento en que se las ve más felices es cuando no están frente a una pantalla sino al jugar a las bolitas o haciendo pociones con hojas y barro en el jardín. Ese sentimiento es el que transmite el juego porque se trata de algo simple, gracioso, algo tonto y juguetón y eso fue lo que intentamos trasladar a la película”.

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