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jueves, octubre 6, 2022
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Apps de citas, los “pro y contra” de mediar el amor con tecnología.

Al igual que gran parte de la vida, los encuentros sexuales y amorosos están atravesados por la virtualidad, especialmente por el universo de aplicaciones y plataformas de citas que, según especialistas y personas usuarias, así como “democratizan el erotismo” y amplían el abanico de modos vinculares posibles, también pueden conllevar frustración y el displacer del desencuentro.

En la última década, las aplicaciones de citas y la cantidad de usuarios han crecido de manera vertiginosa a nivel global y en Argentina, y con ellas los debates entorno a los “pro y contra de mediar el amor con tecnología”.

“Si ahora, y especialmente tras la pandemia, resolvemos todo con el teléfono y las plataformas, ¿por qué sacralizar el amor, por qué pensar que el amor tendría que estar únicamente en otro plano, en el presencial?”, se preguntaron la historiadora Karina Felitti y la socióloga Mariana Palumbo, ambas investigadoras del Conicet especializadas en estudios de género.

Aseguraron que, más que un problema, la tecnología resulta “democratizadora” en un contexto global en que “más horas de trabajo y menos tiempo y dinero para el ocio reducen las posibilidades de conocer gente en espacios sociales en persona”.

Las aplicaciones aparecen entonces como “un boliche abierto 24/7”, al que se puede acceder “constantemente a través del celular, que ya es casi una extensión de nuestro cuerpo”.

En esa línea, suele cuestionarse que las aplicaciones exacerban la fugacidad y lo efímero, consagrado en la lógica del deslizar entre cientos de perfiles, con quienes algunas citas se concretarán y otras tantas no.

“Por supuesto que hay cuestiones y registros del encuentro de las corporalidades cuando estamos cara a cara que no están presentes en una app, pero no por eso tiene que ser negativo ya que permite cosas muy interesantes”, sostuvo Palumbo.

Y agregó: “Allí también se construye lazo social, aunque sea de una manera más rápida, y también pueden permitir nuevas formas de sociabilizar y re-erotizarnos”.

Al igual que otros espacios físicos, las apps de citas se convierten en “un espacio de sociabilidad erótica, es decir, allí donde se da esta cosa lúdica de encontrarnos, a partir de vínculos eróticos y/o afectivos, que son múltiples y que no están necesariamente ligados al orden de la genitalidad o el sexo”, explicó la socióloga.

En parte por estas aplicaciones, pero inmerso en cambios socioculturales más amplios, las investigadoras señalaron que actualmente los y las usuarias adquirieron una “gimnasia en citas que no hubo jamás”.

Advirtió cierto carácter “adictivo” de las aplicaciones, ya que “podes pasar horas deslizando con la idea de quizás en un momento aparece alguien”.

“Es una gran carga de expectativas que uno pone, para que después no se termine concretando el encuentro o que no sea como uno lo esperaba”, aseguró la joven y agregó: “En general es difícil vincularse y obviamente una aplicación no va a resolver los problemas de comunicación, de vínculo, de relaciones amorosas que tenemos”.

En ese sentido, Belén Trejo, psicóloga de la Red de Psicólogxs Feministas, advirtió que las apps pueden generar “una sensación de objeto de góndola, donde yo paso las fotos, hago match, no hago, leo la descripción del producto, como si fuesen objetos a consumir”.

“Es importante no anular que la otra persona es una subjetividad, por más que se muestre como un todo que está apto para ser exhibido y consumido”, expresó la psicóloga.

Y concluyó: “Hay que descartar esto y adaptar las apps a nuestras formas más humanas, porque no es un encuentro maquínico, van a interactuar personas que pueden conectar o no a nivel físico, sexual, ideológico o de piel”.

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